Implantes a nivel celular
“Tú, Olga, eres una persona muy dulce y amorosa… hasta que dejas de serlo”. Lo cierto es que dicho por una amiga, además de hacernos reír a ambas, me ha hecho reflexionar. ¿Cómo nos percibimos?
Si te pidiera que te autodefinieras ¿Cómo lo harías?, ¿Cómo te describirias?. La inmensa mayoría de nosotros empezaría por un Yo soy… Escogeríamos de entre todos aquellos resultados ilusorios que un día nos esforzamos en crear.
Cuando nos clasificamos, olvidamos lo que somos, quienes somos realmente, nos identificamos con patrones escogidos de nuestro pasado.
Algunos de esos conceptos vienen impuestos desde nuestra más tierna infancia y no pueden ser cuestionados hasta mucho tiempo después. Lo cierto es -recuerdo claramente a ese profesor enfrente de mí- que eres bastante torpe con las matemáticas, no es culpa tuya. En ese momento la duda hace acto de presencia, uno empieza a cuestionarse, aparece el temor y finalmente se acaba por pensar, sentir y materializar un comentario trivial. Años después, mi hijo me pide ayuda en alguna tarea y mi respuesta automática es: “Yo soy realmenta mala en matemáticas”, pero dada su necesidad, me pongo a ello y.. descubro con sorpresa que no sólo parece que no se me dan mal, ¡sino que me apasionan!
Otros son simplemente el resultado de engaños voluntarios que nos hemos dado para evitar tener que hacer aquello que nos resulta incómodo o difícil.
En ambos casos esas autodefiniciones nos limitan, coartan o sabotean. Yo soy, significa vernos como personas que ya han aprendido todo lo que podían y han cerrado un círculo sin posibilidad de cambio ni avance. Un producto acabado.
Pero, no desesperemos… el primer paso es ser consciente de esas etiquetas, prestar atención a lo que creemos sobre nosotros y nuestras definiciones. En breve veremos algunas estrategias para deshacernos de ellas.
¿Te quedó alguna duda?, seguro que tú tienes alguna anécdota que quieras compartir…
Comentarios
Deja un comentario


