¡No es justo!
Vivimos al amparo de una equivocada idea de justicia.
¿Qué es para tí la justicia?. Quizás valga la pena que te detengas unos minutos y observes con detenimiento tu respuesta. Posiblemente acabes por conocerte algo mejor.
Se nos inculca la descabellada idea de un mundo perfecto en el que la justicia sea nuestro máximo lema. Lo justo es bondadoso y bello.
La humanidad está sostenida a lo largo de su historia por las mas cruentas guerras en nombre de una verdad y justicia absoluta. Y coincidentemente siempre la propia.
La justicia entendida como derecho o razón es pura alquimia, humo en manos de vendedores que esperan a incautos a los que poder gobernar.
¿Diríamos en tal caso que es justa la naturaleza?. No es justo que un animal devore y cause sufrimiento a otro, quizás sería más justo que esperara tumbado a esperar su muerte por inanición. ¿Son justas las inundaciones, los terremotos?
No es justo que los progenitores obliguen a sus crías a valerse por si mismos a pesar del gran riego que la inexperiencia supone para ellos, posiblemente lo justo sería interceder toda la vida por ellos y no dejar que se desarrollen, impidiéndoles el imprescindible avance y desarrollo.
No es justo que la propia justicia institucionalizada no sea igual para todos. El mundo y las personas, la vida, es injusta bajo el modelo aprendido.
Pudiéramos pensar que es éste un punto de vista derrotista, pero nada más alejado del enfoque. La vida en sí es perfecta,un bello equilibrio de causas y efectos y un distante sentido de la justicia al creado por el hombre. Una maquinaria de armoniosos engranajes en el que cada movimiento de cada elemento encaja a la perfección y en la que desde la más minúscula hasta la más inmensa pieza ocupa su debido lugar en su debido tiempo.
Cuando enarbolamos la justicia para reclamar aquello que realmente deseamos, el término pierde su total sentido más primario. En esos casos, se transforma en una manera de evadir nuestra responsabilidad, o lo que es peor, intentar manipular a otros. En ambas tentativas perdemos el control y la oportunidad para un cambio positivo en nuestra vida.
Necesitamos un punto de contraste para que alguna situación o acto nos parezca injusto. Es decir, si pensamos en que nuestro vecino consigue con la mitad de tiempo el doble de salario por qué el es funcionario y esa idea nos parece injusta, deberíamos preguntarnos por qué no estamos exactamente donde él, o en el caso de que ese sea nuestro verdadero deseo, cómo llegar hasta allí.
Si utilizamos frente a la persona amada frases del tipo: ¡Yo no lo haría! estamos pretendiendo que él o ella actúe exactamente como a nosotros nos gustaría, actuando bajo la premisa de que toda situación no contemplada como válida por nosotros es injusta, convirtiéndonos en pasivos jueces.
En todo caso el dejarnos arrastrar por una idea de injusticia en donde esconder sentimientos como envidia, ira o frustación no sólo va a hacernos perder el tiempo y el control sino que irremediablemente va a alejarnos más y más de nuestras metas. Si pensamos en alguna injusticia cometida, es por que alguién o algo no se está comportando o haciendo lo que nosotros creemos que haríamos. Alguien o algo no ha salido como debiera salir bajo nuestro punto de vista y decidimos etiquetarlo. Si en lugar de ello, abandonáramos la idea de equidad y justicia y empezáramos a crear las condiciones necesarias para obtener aquello que deseamos sin pretender que nos llegarán bajo lemas equivocados o a la espera de que la justicia nos lo brinde, todas nuestras relaciones se verían mejoradas al instante.
Irritarnos por lo que consideramos infracciones ajenas destruye nuestra propia identidad y nos aleja de nuestras metas, dejando de nuevo, en manos ajenas el control a través de nuestras emociones más desatadas. Quizás eso no sea nada justo para nosotros …


