Buscando la aprobación
A todos nos gusta que los demás nos aprueben, nos feliciten por nuestras actitudes o actos. El problema empieza cuando esa búsqueda de aprobación se convierte en necesidad. Es entonces cuando pasa de ser un hecho satisfactorio a una situación en la que nosotros no ejercemos el control, dejando que sean las circunstancias ajenas las que decidan por nosotros.
En nuestra más tierna infancia nuestros padres nos proporcionaron las bases necesarias sobre las que cimentar nuestro autoestima y respeto. En un periodo de tiempo su ayuda y guía era imprescindible. Pero el concepto entre lo que podemos entender por actos amorosos y sobreprotección, o quizás una necesidad excesiva de control, o manipulación encubierta, son a veces una débiles líneas que a menudo se rasgan por quienes cuidan de nosotros.
Posiblemente esa búsqueda de constante aprobación venga de nuestra infancia, y/o de la cantidad de estímulos intensos con que nuestro ambiente nos “regala” diaria y cotidianamente desde cualquier medio publicitario, político, sociocultural, educacional o quizás religioso.
Lo cierto es que llevados por una causa u otra le damos demasiada importancia a lo que los demás piensen de nosotros.
Pero, ¿Podemos variar este sentimiento?.
Como todos los hábitos fuertemente arraigados, este comportamiento no es fácil de cambiar. Aunque como en tantas costumbres a reeducar mantener un estado de atención será una de nuestras más útiles herramientas. Observar cualquier estímulo que llegue del exterior y reconocer nuestra reacción ante el suceso. Ese será nuestro importante punto de partida. ¿Qué experimentamos cuando creemos que alguien nos ha descalificado?.¿No actuamos libremente por miedo a “molestar”?,¿vivimos pendientes de agradar o satisfacer? En caso de desaprobación, ¿sentimos angustia, intranquilidad, miedo…? Esas claras señales en forma de malestar físico y mental nos darán las claras pistas en las que enfocar nuestra atención para trabajar e ir modificando nuestra conducta.
Nuestra segunda y no menos importante herramienta es la plena aceptación de que no todo aquello que vamos a hacer va a ser aceptado siempre. Esa idea es absurda… tan absurda como intentar contentar a todos y en todo aquello que hacemos.
Hacer desaparecer una inquietud, un sentimiento desagradable, no consiste en darle la espalda, o negarlo. Nuestra mejor opción frente a esa incomodidad es aceptarla plenamente, integrarla como parte nuestra. Solo así podremos disolverla. Ningún sentimiento al que nos opongamos puede desaparecer, ya que la propia resistencia que ejercitamos sobre ese estado, hace que nos mantengamos unido a el. . En ese caso, una plena rendición es la victoria. Eliminar toda oposición, aceptar plenamente esa sensación, hará que se disuelva.
Para entendernos es como si tuviéramos frente a nosotros un niño pataleando y gritando desconcentrándonos continuamente. Si fijamos nuestra atención sobre él, nos enfrentamos, peleamos o simplemente intentamos dialogar sabiendo que es imposible obtener respuesta, lo único que conseguiremos será agotarnos. La solución es aceptar plenamente ese enfado infantil, acogerlo de la manera más grata posible. En el preciso momento en el que podamos mirarlo a los ojos, entenderlo; ese pataleo se disolverá de manera grata para ambos, ya no habrá resistencia adulta a la que oponerse, ni miedo ante la reacción.
Actuar buscando la aprobación constante de todos es a la par que imposible, negarnos a vivir la vida de manera franca, sincera y espontánea para con nosotros mismos. Todo un acto de honestidad y valentía que deberíamos ser capaces de no dejar de intentar.
Comentarios
Deja un comentario


