Tomás Moro
Cuenta la historia que además de pensador, teólogo, político, humanista y escritor,Tomás Moro,fue hombre de gran humor en toda su vida.
Hasta el punto que subiendo los escalones del cadalso, donde habría de ser decapitado, le dijo al verdugo: ¿Puede ayudarme a subir?… Por que para bajar ya sabré valérmelas por mi mismo.
El caso, es que hoy llegó a mis manos, de nuevo, un texto de él que creo vale la pena compartir.
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El día de la marmota
En estas latitudes mediterráneas, es tiempo de disfrutar del frescor de la noche y de largas y entretenidas tertulias mientras se comparte la cena.
Comentaba en una de estas reuniones, un amigo de la casa: ” Me siento como el protagonista del día de la marmota ( Groundhog Day), tengo la impresión de que mis días son repetitivos y cansinos.”
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La Risa
La risa nos hace ver la vida de otro color. Nos hace mejores; a nosotros y a nuestro entorno. Nos motiva y estimula, nos acerca a nuestros mejores valores. Alivia el dolor y la preocupación, disuelve la ira. Nos aporta comprensión, relajación, nos ayuda a transformar viejos patrones y ahuyenta nuestros miedos.
La risa es en sí misma una eficaz y poderosa enseñanza. Y una de las mejores herramientas sanadoras.
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Buscando la aprobación
A todos nos gusta que los demás nos aprueben, nos feliciten por nuestras actitudes o actos. El problema empieza cuando esa búsqueda de aprobación se convierte en necesidad. Es entonces cuando pasa de ser un hecho satisfactorio a una situación en la que nosotros no ejercemos el control, dejando que sean las circunstancias ajenas las que decidan por nosotros.
En nuestra más tierna infancia nuestros padres nos proporcionaron las bases necesarias sobre las que cimentar nuestro autoestima y respeto. En un periodo de tiempo su ayuda y guía era imprescindible. Pero el concepto entre lo que podemos entender por actos amorosos y sobreprotección, o quizás una necesidad excesiva de control, o manipulación encubierta, son a veces una débiles líneas que a menudo se rasgan por quienes cuidan de nosotros.
Posiblemente esa búsqueda de constante aprobación venga de nuestra infancia, y/o de la cantidad de estímulos intensos con que nuestro ambiente nos “regala” diaria y cotidianamente desde cualquier medio publicitario, político, sociocultural, educacional o quizás religioso.
Lo cierto es que llevados por una causa u otra le damos demasiada importancia a lo que los demás piensen de nosotros.
Pero, ¿Podemos variar este sentimiento?.
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